{"version":"1.0","provider_name":"Blog de Lugares que Visitar","provider_url":"http:\/\/lugaresquevisitar.org\/blog","title":"Los millones de la Yaya - Blog de Lugares que Visitar","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"NtEQTcA1sZ\"><a href=\"http:\/\/lugaresquevisitar.org\/blog\/los-millones-de-la-yaya\/\">Los millones de la Yaya<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"http:\/\/lugaresquevisitar.org\/blog\/los-millones-de-la-yaya\/embed\/#?secret=NtEQTcA1sZ\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Los millones de la Yaya&#8221; &#8212; Blog de Lugares que Visitar\" data-secret=\"NtEQTcA1sZ\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=http:\/\/lugaresquevisitar.org\/blog\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Lo primero que me dijo cuando me vio en la ma\u00f1ana fue que se equivoc\u00f3 en la apuesta del casino y en vez de doce mil, apost\u00f3 doce millones y, sin darse cuenta, gan\u00f3 un bot\u00edn de casi mil millones con los que podr\u00eda jugar el resto del d\u00eda. Ojal\u00e1 no gastes todo hoy, le digo. Que qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntos d\u00edas m\u00e1s de apuestas nos quedan por delante. A sus 75 a\u00f1os Yaya ha sabido convertir los peque\u00f1os instantes en alegr\u00edas cotidianas o tambi\u00e9n, en arrebatos de mal humor. Siempre bromea diciendo que no tiene ni una cana, no le gusta saber que ha aumentado de peso y mucho menos, verse al espejo las arrugas de su papada o, mucho peor, la flacidez de la piel en sus brazos. Esa ma\u00f1ana de marzo, Yaya gan\u00f3 m\u00e1s de mil millones y nunca un juego de casino en l\u00ednea, pod\u00eda traernos tanta certeza y serenidad en medio del v\u00e9rtigo.  Antes de que los d\u00edas de encierro comenzaran, Yaya \u2013mi t\u00eda, a quien nunca hemos llamado Mar\u00eda\u2013 ten\u00eda tres a\u00f1os sin casi salir de su apartamento en Caracas. Lo hac\u00eda para diligencias puntuales: en el banco necesitaban su firma, para tomar un caf\u00e9 a media tarde, ir a alg\u00fan cumplea\u00f1os familiar, bajar a tomar el sol. Hace tres a\u00f1os, en una consulta de rutina para vigilar de cerca sus pies diab\u00e9ticos, el m\u00e9dico encontr\u00f3 una bacteria y la decisi\u00f3n no pod\u00eda ser otra sino amputarle un dedo. Dos a\u00f1os antes de ese instante, el diagn\u00f3stico fue similar, pero un grupo de m\u00e9dicos supieron c\u00f3mo devolverle el color a ese dedo gordo del pie izquierdo que se estaba ahuecando de manera extra\u00f1a. Pero hace tres a\u00f1os, Yaya supo bien que la operaci\u00f3n era urgente y no pod\u00eda esquivarla. Le amputaron el dedo, s\u00ed, pero lo hicieron mal y la bacteria sigui\u00f3 consumiendo parte de su pie y fueron necesarios cuatro meses de antibi\u00f3ticos y tratamientos intravenosos suministrados en casa; ese hogar convertido en hospital donde hermanas y sobrinas aprendieron a colocar y quitar v\u00edas, a despertarse a horas dispersas a suministrar medicinas que no se consegu\u00edan. Otra tragedia, otra historia lejana que forma su presente.  Yaya nunca m\u00e1s pudo volver a caminar bien. Le toc\u00f3 aprender a acomodar su \u00e1nimo en el bast\u00f3n para apoyar su pie doblado y deforme. A pesar de la insistencia de quienes estamos fuera de su dolor \u2013el de la cadera cuando apoya, el del tal\u00f3n cuando camina\u2013 por llevarla a cualquier lugar, decidi\u00f3 salir menos cada vez y se cre\u00f3 una rutina dentro de su hogar. Retom\u00f3 su pintura, ahora con trazos dis\u00edmiles; se empe\u00f1\u00f3 por varios d\u00edas en tomar clases de ingl\u00e9s online y a veces suele volver a ellas; se refugi\u00f3 en libros para colorear, aprendi\u00f3 a manejar una tablet con la que se conecta a internet para buscar los beneficios de la albahaca, de la moringa, de la pira o de cualquier otro menjurje que llame su curiosidad; pero sobre todo para pasar horas entre series, pel\u00edculas y las apuestas de casino con un dinero que no es real, pero con el que se imagina comprando alguna casa, siempre con un patio grande y brisa fresca.&nbsp;  Cuando la cuarentena comenz\u00f3 y en los televisores de la casa solo se escuchaban los casos de ese virus raro, que me dijo Yaya un d\u00eda: \u201cparece que viene de China\u201d, ya ella ten\u00eda tres a\u00f1os sin salir de aqu\u00ed.&nbsp;  * * *  \u201cVieja, cu\u00eddate. No vayas a estar saliendo por ah\u00ed. Ve que tu tienes m\u00e1s de ochenta a\u00f1os y te la pasas comprando. No salgas vieja\u201d, le dice a su vecina italiana que toca el timbre de la casa para contarle casi a diario las noticias que ve de su pa\u00eds. \u201cS\u00ed viejita\u201d, le dice, \u201canda a lavarte las manos y no est\u00e9s saliendo; chao, pues\u201d. Y luego Yaya cierra la puerta y se r\u00ede, se r\u00ede sola porque aun y con m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os de vecinas, no logra entenderle el acento que no es ni italiano, ni espa\u00f1ol; que es un c\u00famulo de frases con las que se abrazan a diario al borde del pasillo.&nbsp;  Como el pie le estaba doliendo mucho cada vez que caminaba, sus salidas a tomar sol comenzaron a ser m\u00e1s espor\u00e1dicas. Tres meses antes del encierro, sali\u00f3 de la casa contenta a recibir la donaci\u00f3n de una silla de ruedas y entonces, acept\u00f3 la vuelta por sitios que ten\u00eda tiempo sin ir. Se empe\u00f1\u00f3 en elegir las frutas, el pan, en volver a pasar por los pasillos de alg\u00fan supermercado que nunca lleg\u00f3 a ver con anaqueles vac\u00edos, porque cuando Yaya decidi\u00f3 no salir m\u00e1s, sus d\u00edas comenzaron a ser una fiesta de noticias elegidas. Le perdi\u00f3 el ritmo a las devaluaciones de la moneda y se esmer\u00f3 en guardar los billetes del cobro de su pensi\u00f3n porque as\u00ed sent\u00eda que estaba ahorrando para algo. A veces, muchas veces, me encargaba un antojo y me preguntaba cu\u00e1nto val\u00eda ese billete, para cu\u00e1nto alcanzaba y cuando entend\u00eda que no era para mucho, y quiz\u00e1 para nada, lo segu\u00eda guardando ya por costumbre. Pero ya no.&nbsp;  La silla de ruedas que puede distraer el encierro para bajar a tomar el sol, est\u00e1 parada en el mismo lugar de la sala desde ese d\u00eda de febrero cuando Yaya volvi\u00f3 de estar m\u00e1s de tres horas viendo un desfile de carnaval. La luz, que tanto falla en la ciudad, oblig\u00f3 a apagar el ascensor del edificio donde vivimos una vez que comenz\u00f3 la cuarentena y Yaya, que sabe bien cu\u00e1nto le puede doler su pie con el esfuerzo de bajar y subir cada escal\u00f3n, decidi\u00f3 tomar el sol cada ma\u00f1ana sentada en la cama de mi cuarto. Mientras afuera todo ahora se mantiene en vac\u00edo y silencio, Yaya sigue refugiada en su mundo de hogar, construido para ella, sin que siquiera lo advirtiera.&nbsp;  &nbsp;Mil millones m\u00e1s, Yaya, mil millones m\u00e1s.    Texto escrito durante el taller de Cr\u00f3nica-Ensayo dictado&nbsp;por Jorge Carri\u00f3n y patrocinado por la Fundaci\u00f3n para la Cultura Urbana La entrada Los millones de la Yaya se public\u00f3 primero en Viaje con Escalas."}