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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Blog de Lugares que Visitar</provider_name><provider_url>http://lugaresquevisitar.org/blog</provider_url><title>Roma: esperando a los b&#xE1;rbaros - Blog de Lugares que Visitar</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="523YJtFFvn"&gt;&lt;a href="http://lugaresquevisitar.org/blog/roma-esperando-a-los-barbaros/"&gt;Roma: esperando a los b&#xE1;rbaros&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="http://lugaresquevisitar.org/blog/roma-esperando-a-los-barbaros/embed/#?secret=523YJtFFvn" width="600" height="338" title="&#x201C;Roma: esperando a los b&#xE1;rbaros&#x201D; &#x2014; Blog de Lugares que Visitar" data-secret="523YJtFFvn" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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</html><description>En Roma se dej&#xF3; de mirar con extra&#xF1;eza a los extranjeros desde que un 24 de agosto del a&#xF1;o 410 la ciudad fue tomada por los b&#xE1;rbaros. Dejaron desde entonces de ser noticia los for&#xE1;neos que han merodeado siglo tras siglo por una urbe universal que se acostumbr&#xF3; a pertenecer a todos.&#xA0;  A finales del pasado junio, en la bas&#xED;lica de San Giovanni e Paolo, en el Celio, un grupo de hispanohablantes, convocados por la asociaci&#xF3;n Tinta Hispana, se colocaba unos auriculares y se iba a hacer una visita por la literatura y atardeceres de Roma.   Y volvieron las miradas sorprendidas a los extra&#xF1;os, la sorpresa de ver a los turistas que no &#xE9;ramos, porque todos los convocados vivimos en la Ciudad Eterna, pero que simul&#xE1;bamos ser.&#xA0;  Roma, con aquella escena, record&#xF3; por un instante su sentido; record&#xF3; que se mantuvo en pie todos estos siglos para que los b&#xE1;rbaros la invadieran una y otra vez. Pero hoy no lo hacen, o lo hacen a cuentagotas.&#xA0;    Roma se pregunta &#xBF;d&#xF3;nde est&#xE1;n los otros?  Fotograf&#xED;as de Roma: Javier Brandoli    &#x201C;Seguimos sin tener clientes. Nos han cancelado casi todas las visitas. A ver si en agosto mejora algo&#x201D;, me dice Alberto Rodr&#xED;guez, fabuloso gu&#xED;a y conocedor de esta urbe.&nbsp;  Mientras, en el impasse de espera de mirar con impaciencia al cielo y ver aparecer aviones con maletas, la ciudad es irreconocible. Para lo bueno y para lo malo. Le afecta hasta a Rafael Sanzio, el pintor, el due&#xF1;o del alma c&#xE1;ndida que nunca tuvo esta Roma canalla, que se cit&#xF3; con la ciudad a principios de marzo en la muestra m&#xE1;s importante nunca hecha de su obra.&#xA0;  Pero lleg&#xF3; el virus, se cerr&#xF3; todo, y sus obras esparcidas por la Scuderia del Quirinale enmudecieron hasta que el Gobierno reabri&#xF3; calles y museos. Y al abrir la puerta de nuevo descubrimos que Rafael no estaba ah&#xED;, s&#xF3;lo estaba su obra.&#xA0;  Porque el arte no sabe de distancias ni tiempos, y en la&#xA0;exposici&#xF3;n, dividida en salas, los visitantes, en grupos peque&#xF1;os y alejados los unos de los otros, pasamos por cada estancia cuando suena un pitido, cada cinco minutos, que es el tiempo que se tiene para ocupar cada sala.&#xA0;  Pero le afecta tambi&#xE9;n a La Piedad de Miguel &#xC1;ngel que, lujo inimaginable, se contempla a solas. Pas&#xF3;, lo recuerdo, el 10 de marzo, un d&#xED;a antes de que se decretara el obligatorio lock down, que por casualidad decid&#xED; entrar en San Pedro al ver que extra&#xF1;amente no hab&#xED;a cola.&nbsp;  Los turistas huyen del riesgo y el riesgo ya se hab&#xED;a apoderado entonces de Italia. La virgen de m&#xE1;rmol estaba ah&#xED;, sujetando a su hijo muerto, y lo que no hab&#xED;a es los cientos de turistas que se agolpan siempre frente a su vidriera.&#xA0;  Repet&#xED; visita a finales de junio, un mediod&#xED;a, y otra vez me coloqu&#xE9; delante de aquella cincelada piedra a solas. &#xBF;C&#xF3;mo y cu&#xE1;ndo empez&#xF3; el privilegio alegre y triste de vivir esta Roma?&nbsp;    Estampas de una ciudad &#x201C;muerta&#x201D;  Foto: Pexels    El silencio se escuch&#xF3; de golpe. Cay&#xF3; una madrugada del antes de esta primavera que nos hemos saltado, como un ciempi&#xE9;s, en la que las gentes de Roma encerradas en sus casas tuvieron miedo de reabrir sus persianas.&nbsp;  Los balcones se convirtieron en plazas, las macetas en jardines y las plegarias y los rezos se murmuraban lejos de las bellas iglesias romanas y se produc&#xED;an en las largas colas de los nuevos templos, los supermercados. Se fueron todos.&nbsp;  Huyeron del virus y la ciudad hist&#xF3;rica, vac&#xED;a, se convirti&#xF3; en un entramado de callejuelas empedradas con arcos viejos e inservibles. Porque Roma, esa Roma, existe para verse no para vivirse. Roma en silencio no es Roma. Roma est&#xE1; esperando a los b&#xE1;rbaros.&#xA0;  Nunca olvidar&#xE9; un d&#xED;a de aquellas jornadas muertas. Fue la ma&#xF1;ana del 14 de marzo. Sal&#xED; al centro a hacer un reportaje de vagabundos porque record&#xE9; que con las prisas nos hab&#xED;amos encerrado todos olvidando que algunos no ten&#xED;an d&#xF3;nde encerrarse.&nbsp;  Los periodistas &#xE9;ramos de los pocos que ten&#xED;amos permitido salir a hacer nuestro trabajo. Tres d&#xED;as antes se hab&#xED;a decretado la cuarentena en Italia. Comenc&#xE9; a caminar. No hab&#xED;a, lejos del entorno de las tiendas de alimentaci&#xF3;n, un solo alma en la calle. No se escuchaba un solo ruido.&#xA0;    Qu&#xE9; es Roma sin b&#xE1;rbaros  Fotograf&#xED;as de Roma: Javier Brandoli    Pas&#xE9; por delante del Vaticano y por el Puente Vittorio Emanuele II cruc&#xE9; el Tevere camino del Campo di Fiori y&nbsp; la Piazza Navona. Buscaba un reportaje social y, a la vez, no quer&#xED;a perderme un paseo que quiz&#xE1; s&#xF3;lo podr&#xED;a hacer una vez en mi vida: contemplar la ciudad eterna vac&#xED;a.&nbsp;&nbsp;  No hab&#xED;a ning&#xFA;n coche, eran inservibles los sem&#xE1;foros. El entorno era apocal&#xED;ptico, inquietante. Gir&#xE9; finalmente hacia la Piazza Navona y, de pronto, junto a las fuentes con esculturas de Bernini y la iglesia dise&#xF1;ada por Borromini, vi dos veh&#xED;culos de Polic&#xED;a, una mujer en una silla de ruedas y decenas de gaviotas que se pegaban por comer trozos de pan duro que arrojaba un hombre que ten&#xED;a la persiana medio abierta de su restaurante clausurado.&nbsp;  Y de ah&#xED; me fui al Pante&#xF3;n, cuya plaza estaba vac&#xED;a, del todo, como estaban tambi&#xE9;n la Fontana de Trevi y la Plaza de Espa&#xF1;a.&nbsp;    &#xBF;Imaginan poder ver as&#xED; Roma?&#xA0;  Me cruc&#xE9; con algunos agentes y con m&#xE1;s vagabundos que salpicaban las calles con los gestos indiferentes de quien la pandemia la sufre desde hace a&#xF1;os. Era una ciudad espectral, bella en su soledad, en su abrumadora historia que yo disfrutaba en privado sintiendo el extra&#xF1;o privilegio que era recorrerla a solas.&nbsp;  Y de pronto me di cuenta, de regreso, caminando por la Via Margutta, que escuchaba, con total nitidez, a las 12 de la ma&#xF1;ana, mis pasos. Me sent&#xED; triste y alegre a la vez. No quer&#xED;amos esa masa de turistas en Roma, pero tampoco quer&#xED;amos que no viniera nadie.&nbsp;    Sin estar llena est&#xE1; vac&#xED;a  El virus nos ha ense&#xF1;ado dos cosas: la importancia de los grises y que el siempre puede durar 24 horas. Cuatro meses despu&#xE9;s de aquella escena la sensaci&#xF3;n se repite. Roma sin estar llena est&#xE1; vac&#xED;a. Roma se regocija y se desespera de que no venga nadie.  &#x201C;Si no vienen turistas este verano acabaremos cerrando. Nosotros y muchos de los locales del entorno&#x201D;, me dice Armando, el due&#xF1;o del restaurante L&#x2019;Orso 80, cerca de Piazza Navona.&nbsp;  La ciudad es extra&#xF1;a, otra. El centro se disfruta y se sufre. En las &#xFA;ltimas d&#xE9;cadas se vendi&#xF3; al mejor postor, se ech&#xF3; a los vecinos y se pens&#xF3; que el man&#xE1; del turismo era inagotable hasta que un virus lo deshizo todo.&nbsp;  En 1950, en el centro hist&#xF3;rico, viv&#xED;an 370.000 personas. 70 a&#xF1;os despu&#xE9;s, s&#xF3;lo quedan 80.000 y, de ellos, 20.000 lo hacen el barrio del Trastevere.&#xA0; Ahora faltan ellos, los habitantes, expulsados de su ciudad por una negocio, el turismo, que genera el 12% del PIB italiano.&#xA0;  &#x201C;Nosotros no trabajamos con romanos. El 100% de nuestras ventas son con extranjeros&#x201D;, me explica Claudio, due&#xF1;o de las diversas tiendas de suvenires religiosos, Capriotti, junto al Vaticano. &#xBF;Por qu&#xE9; junto al Vaticano no hay negocios para romanos?  El lamento de los comerciantes y hosteleros es gen&#xE9;rico. El habitante tiene sentimientos encontrados. La ciudad se disfruta c&#xF3;mo nunca, pero no es Roma lo que ahora encontramos. Es un par&#xE9;ntesis, un vaiv&#xE9;n de tos seca y muerte, de belleza inerte, calles m&#xE1;s limpias y barricadas a las amenazantes fiebres de oto&#xF1;o. No hay miedo, hay Roma, quiz&#xE1; la ciudad m&#xE1;s resiliente del planeta, capaz de sobrevivir a los b&#xE1;rbaros y hasta a los romanos.        Autor: Javier Brandoli, periodista. Desde 2010 viviendo en Sud&#xE1;frica. Mozambique y M&#xE9;xico. Ahora en Roma. La entrada Roma: esperando a los b&#xE1;rbaros se public&#xF3; primero en Viaje con Escalas.</description><thumbnail_url>https://viajeconescalas.com/wp-content/uploads/2020/09/IMG_1082-2-1024x683.jpg</thumbnail_url></oembed>
